03.07.2018
marianguinotcomunicacion
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En pleno siglo XXI donde el ser humano ha evolucionado a límites insospechados parece que en lo que a las relaciones se refiere hemos retrocedido no años si no siglos. ¿Dónde quedaron esas llamadas de horas a casa donde monopolizábamos el teléfono de casa? ¿Y esas cartas de páginas en las que nos poníamos al día continuamente con personas a las que hacía tan sólo días que no veíamos? Las redes sociales y los dispositivos móviles tienen muchas cosas buenas pero, al mismo tiempo también han tenido cosas negativas. Nos pasamos horas conectados con la persona pero perdiéndonos esos mágicos detalles del contacto humano, el cruce de miradas, el roce de manos, las risas en directo y, sobre todo, la entonación de las palabras. ¿Cuántas veces hemos discutido por alguien porque hemos malinterpretado algo de lo que nos ha dicho porque no escuchamos cómo nos lo dice y nos lo quiere decir? Ese es el gran problema de esta comunicación personal a base de las redes sociales y de los dispositivos móviles. Hemos llegado a malinterpretar un ‘jejeje’ porque hay veces que pensamos que un ‘jajaja’ es mucho mejor y mucho más sincero. Sí, reconócelo porque a ti también te ha pasado. Hemos cambiado las conversaciones en persona aunque sea una vez al día por estar hablando con alguien durante todo el día vía mensaje, sin darnos cuenta que, en ocasiones no tenemos tiempo para contestar de la manera que queremos y lo hacemos rápido y la otra persona puede enfadarse. O, seguro que en más de una ocasión te han dicho que porqué has leído un mensaje y no has respondido (bendito-maldito doble check azul). Eso es lo que nos ha pasado con la comunicación del siglo XXI, preferimos mensajes sosos y, en ocasiones, absurdos en lugar de mirarnos a los ojos y poder escuchar la voz de esa persona. Por otro lado, bien es cierto, que gracias a ello damos más valor a esos cruces de miradas improvisados en el que se buscan en el espacio y en el tiempo dos personas para decírselo todo. Pero…. ¿no es mejor el contacto físico y visual, poder escuchar la voz de una persona antes que estar todo el día con mensajes? Y, al mismo tiempo, hemos pasado a controlarnos sin darnos cuenta, cuándo se conecta, cuándo lee los mensajes y cuándo los responde, por el contrario, quién le pone like y a quién le pone, quién sigue y a quién sigue… y así una larga lista de cosas a las que le hemos dado mucho más sentido del que tiene. Tenemos que señalar un dato muy importante, las redes sociales están para poner likes a aquellas fotografías (en el caso de Instagram por ejemplo) que nos gustan porque las vemos, por el texto que les acompaña o porque nos han hecho sentir algo y, por consiguiente, es por ello por lo que comenzamos a seguir a una determinada persona o un determinado perfil. No hay que darle tanta importancia a ello, a los actos de las redes sociales y de la comunicación 2.0.  Quedémonos con esas miradas inesperadas, con esas sonrisas sin sentido que, al final, tienen más que nada, con ese roce de manos… eso es lo que, en realidad, más vale y más se valora y lo que, a la larga, debe tener sentido en tu vida.
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